Los medidores de contraseñas suelen premiar lo que no toca: una mayúscula y un signo de exclamación puntúan bien aunque la palabra de debajo esté en todos los diccionarios de ataque. Este comprobador calcula la entropía a partir del conjunto real de caracteres, penaliza los patrones habituales —incluidas palabras como «contraseña» o filas de teclado como qwerty— y estima el tiempo de descifrado con hardware realista.
No se transmite ni se guarda nada: el análisis se hace íntegramente en tu navegador. Aun así, lo más prudente es probar una contraseña parecida, no la exacta.
Porque esas sustituciones son lo primero que prueba cualquier herramienta de descifrado. Lo que cuenta es la palabra de diccionario de debajo, y los ataques por reglas la expanden en milisegundos.
A partir de la entropía y de una velocidad de ataque sin conexión contra un hash rápido. Es un orden de magnitud: un sitio que usa bcrypt es muchísimo más lento de atacar que uno con SHA-256 sin sal.
Sí, si las palabras se eligen al azar. Cuatro o cinco palabras aleatorias dan mucha entropía y son fáciles de recordar. Elegir tú una frase memorable elimina casi toda esa ventaja.
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